Redefinamos conceptos, que seguramente no serán del agrado de los tutores del pensamiento político-académico: el golpe de Estado es la interrupción de los mecanismos jurídicos y éticos de acceso y ejercicio del poder, ya sea que se utilice la violencia o la manipulación de los instrumentos institucionales por entes internos o externos al Estado.
En México hay un proceso en marcha instrumentado desde
el interior y el exterior del Estado. Ese proceso implica a sujetos e
instituciones internos y, formalmente, externos al mismo, aunque estos últimos tradicionalmente
han formado parte del andamiaje del ejercicio del poder.
Los entes involucrados son organismos electorales de
nivel nacional y estatal, personajes políticos, medios tradicionales de
información y otros relativamente recientes de carácter cibernético.
El objetivo tiene dos componentes, por un lado:
impedir la libre participación de candidatos con arraigo en el pueblo mexicano
y, por otro, encumbrar en la presidencia de la república a un candidato afín a
los intereses de la burguesía “nacional” y extranjera, la última encabezada por
los organismos golpistas del gobierno del imperialismo estadounidense. Los
hechos están a la vista.











